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Miranda:

Escuelas a merced del transporte

Tras dos años de virtualidad, la rutina de los niños, niñas y adolescentes, que vuelven a clases presenciales, se les añadió un nuevo escollo: la falta de transporte hacia sus colegios. Ir a la escuela en los municipios mirandinos de Caracas se volvió un asunto de resistencia física. 

Erick S. González / @erickgncal

La escuela queda en lo alto de una colina de Bello Monte, en el municipio Baruta, Miranda. La estación de Metro más cercana está a casi dos kilómetros, luego de pasar por complicadas curvas. El trayecto es largo, son pocos los estudiantes cuyos padres tienen transporte propio para llevarlos a clases. Y los docentes tampoco disponen de un vehículo. Estudiar allí se convirtió en un asunto de resistencia física. 

La escuela es un colegio público nacional, gestionado por el Ministerio de Educación. Fue reformado y reinaugurado en 2017. Está inmaculado. Todos los días dos empleadas limpian los pasillos y salones con la precisión de un cirujano. No hay nada fuera de su lugar. Incluso la directora de la institución, Inés, revela: “Mi escuela es muy bonita y la queremos mantener así”, señaló a la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y Adolescencia (Agencia PANA).

Pero, ¿qué es una escuela sin maestros o alumnos? La directora afirmó que el traslado y la falta de profesionales de la educación vacían sus aulas. 

“El problema es que muchos de los estudiantes viven en otros sectores de Caracas. Si bien sus padres trabajan en las entidades públicas cercanas, son pocos los que cuentan con transporte particular, por lo que tienen que subir y bajar a pie; al igual que los maestros”, explicó Inés. 

Sostuvo que la zona en donde está ubicado el colegio no cuenta con transporte público, pese a las solicitudes que la comunidad ha hecho ante el Ministerio de Transporte. “No solo eso, también al estar en toda la frontera entre el Distrito Capital y Miranda, la situación es un poco más complicada para solicitar al menos una línea nueva de transporte”, agregó. 

Gran parte de los caraqueños tienen empleos en el este de la ciudad de Caracas, razón por la cual también optan por inscribir a sus hijos e hijas en las instituciones más cercanas a su trabajo. “Son pocos los estudiantes que están en el mismo sector, la mayoría vienen de otras zonas de Caracas, como Petare, Sucre, Catia e incluso en Caricuao”, dijo. 

A la dificultad de traslado se le suma la falta del Programa de Alimentación Escolar (PAE), debido a que en la institución no hay refrigeradores para mantener conservados los alimentos. “Tenemos todo, las cocinas, las planchas, el servicio, pero nos faltan las neveras y los refrigeradores”, asegura Inés. 

Son pocos las instituciones educativas del estado Miranda que cuentan con instalaciones reparadas y/o con funcionamiento completo. En Chacao, la inversión de la alcaldía es palpable en los colegios municipales de la zona. Sin embargo, también están atados a la falta de traslado a las instalaciones, pese a estar en una zona comercial y de tránsito. 

“El Metro puede ser un aliado, pero cuando presentan fallas en el servicio son los niños y los maestros quienes sufren más para llegar hasta las instalaciones del colegio”, comentó uno de los maestros de la institución. 

Según los testimonios recogidos, llegar desde Petare a Chacao en Metro puede representar hasta 45 minutos del día de una persona, sin contar con los frecuentes retrasos en el servicio. En el caso de usar transporte terrestre, un transeúnte debe calcular que llegará a su trabajo en una hora (sin tráfico). 

Además el gasto de ida y vuelta equivale a cuatro bolívares por día, a la semana serían 20 bolívares, con un gasto mensual de 80 bolívares. Para las familias que dependen de un solo salario mínimo (175 bolívares, para mayo de 2022), este gasto se vuelve insostenible. “Básicamente se te va el sueldo en el transporte”, explicó una maestra que vive en Petare, municipio Sucre, y trabaja en Chacao.

En el municipio Sucre la situación de los colegios en las barriadas también se ve afectada por el transporte. “La escuela queda en todo el centro del barrio 23 de Marzo, en Petare. Son muchos los niños que viven en los alrededores, pero hay estudiantes que tienen que subir una gran cantidad de escaleras y cerro para llegar hasta el colegio. Y bueno, los maestros tienen que encontrar un transporte para llegar a tiempo”, comentó una docente de la institución encuestada. 

En El Junquito, municipio Libertador del Distrito Capital, en las instituciones educativas, tanto privadas como públicas, la ausencia de líneas de camionetas no solo demora a los estudiantes y maestros de la parroquia para llegar a las escuelas, también genera preocupaciones en torno a la seguridad. 

“No es solo que no haya camionetas, sino que los niños se van a pie por las curvas de los sectores, en donde los automóviles pasan muy rápido”, comentó una docente de la institución. 

La docente explicó que se encuentra en una zona que da con los barrios de Mamera, en Antímano, municipio Libertador. No hay ningún tipo de traslado desde la calle principal de Antímano, por lo que los estudiantes deben pasar por todo el barrio del Cuji para llegar hasta el colegio. “Solo una camioneta llega desde El Junquito”.

En esta institución estudian 550 alumnos, la mayoría vive en los barrios aledaños a Mamera y otros que conectan con El Junquito. “Los profesores también se les hace complicado, por eso cuando iniciamos las clases presenciales, comenzamos dividiendo los grupos, para que puedan ir retomando su actividad de forma progresiva y atada al transporte”, sostuvo.

También hay bajas

En el recorrido realizado en cuatro municipios de Miranda y uno de Distrito Capital, considerados como el Área Metropolitana de Caracas (Sucre, Libertador, El Hatillo, Baruta y Chacao) se pudo constatar que la matrícula estudiantil se mantuvo igual en las entidades educativas. Pero los directores advirtieron de que para el próximo año es posible que vean una modificación, debido al cambio de alumnos a otras instituciones más cercanas a su domicilio o a otras con mensualidades menos costosas.

La baja de profesores, problemas con los servicios de agua y en las infraestructura son  otros factores que se repiten en tres de los cinco colegios encuestados por la Agencia PANA. Además preocupa la falta de entrega de insumos de bioseguridad a las escuelas. 

Ante esta situación, los directivos consultados coincidieron que el Estado venezolano no hizo ningún tipo de donativo en insumos de bioseguridad, ni durante el comienzo de la pandemia o en el retorno a las clases presenciales. 

“Nosotros cubrimos los gastos de nuestro bolsillos”, comentó una de las directoras consultadas en el estado Miranda. No solo se refiere al gel antibacterial, también a los tapabocas y, en ocasiones, cisternas de agua.

Solo en Chacao, en un colegio municipal, la alcaldía dotó a los estudiantes con tapabocas y un kit de gel para el inicio de las clases presenciales entre enero y marzo de 2022. Sin embargo, fue un único donativo. Por su parte, en los colegios administrados por el Estado venezolano, que fueron consultados por la Agencia PANA, no recibieron equipamiento ni talleres para el retorno a las clases presenciales. 

Enfrentando realidades locales

De los cinco colegios consultados por la Agencia PANA en los municipios mirandinos de Caracas, solo uno mantiene clases presenciales dos días a la semana. El colegio está ubicado en el municipio Sucre, en el barrio San Blas de Petare.

Tiene una matrícula de 1.424 estudiantes, entre primaria y bachillerato. “En Educación Primaria se están recibiendo a los estudiantes dos días a la semana jornada completa por turno. En Educación Media General las clases son por bloque y cada 15 días, ya que falta personal obrero y mobiliario escolar como mesas y sillas donde se puedan sentar los estudiantes de ambos niveles”, explicó una de las maestras de la institución. 

Sostuvo que la falta de mesas y sillas está relacionada a los robos durante la pandemia del COVID-19, así como al deterioro de las aulas.

La falta de profesores también afecta a la escuela. “A la institución educativa le faltan docentes del área de lenguas extranjeras, Matemáticas, Química y Física”, agregó. 

Señaló que cuando hay fuertes lluvias en el sector, el servicio de electricidad falla; Además, se les une los cortes intermitentes en el servicio de agua potable. “Ahora contamos con tobos de agua”, sostuvo. 

La profesora enfatizó que las clases en el plantel se mantienen, sobre todo, por el apoyo de los profesores y padres, pero, “no se puede negar que subir hasta el colegio es una proeza, sin trasporte y con pocos maestros”. 

Para este reportaje se visitaron seis instituciones educativas, durante las primeras dos semanas de mayo. Se entrevistaron a 12 personas, de las cuales cuatro eran niños, niñas o adolescentes.

Algunos nombres de alumnos, representantes y docentes fueron cambiados u omitidos para proteger su identidad.