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Lara: 

Adolescentes, entre el trabajo y los estudios

La migración golpeó al sistema educativo larense. A la deserción escolar y la ausencia de docentes por la salida hacia otro país,  al panorama post pandemia de este estado se le suma el recorte de la jornada escolar para los estudiantes que comenzaron su campo laboral en la adolescencia

Karina Peraza Rodríguez / @KaryPerazaR

El retorno a las clases en el periodo 2021 - 2022 desnudó una realidad entre los niños, niñas y adolescentes del estado Lara:  trabajar o estudiar, he ahí el… ¿dilema? 


Un joven que trabaja para pagar sus estudios es algo que ya se veía en Venezuela, sobre todo en la etapa universitaria, pero esta situación se trasladó a los adolescentes en edad escolar y se comenzó a exacerbar durante la pandemia según explicó el director de un liceo que maneja una matrícula de más de 1.000 alumnos, ubicado al oeste de Barquisimeto. 


El docente relata que durante la pandemia las clases se veían de manera virtual: docentes y alumnos se ponían de acuerdo a través de mensajería instantánea para entregar las asignaciones o se usaban los correos electrónicos. Esta modalidad no requería que los estudiantes estuviesen en el aula, lo que propició que algunos adolescentes dividieran su tiempo de estudios. 


El director escolar, entrevistado por la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y Adolescencia (Agencia PANA), notó que algunas familias utilizaron la virtualización de las clases para reunificarse. Es decir, los adolescentes emigraron del país para reencontrarse con sus padres. Incluso, según conoció gracias al seguimiento docente, a varios de estos estudiantes les tocó trabajar en el exterior. Otros estudiantes que, aunque no migraron, también buscaron empleos.


También los adolescentes relataron a la Agencia PANA que una vez que les tocó retornar al país se vieron en la necesidad de continuar trabajando. 


El profesor explica que la causa para que estos estudiantes estén trabajando es un denominar común: la situación económica que existe en su hogar. Les ha tocado colaborar con los gastos de la casa porque se vieron arropados con la situación económica del país e incluso algunos se han convertido en los proveedores del hogar.


Cuando se anunció el retorno a clases presenciales muchos adolescentes dejaron los estudios, pues su prioridad era la manutención del hogar; pero otros han preferido hacer el gran sacrificio y hablaron con sus empleadores quienes han flexibilizado el horario laboral para que estos acudan a clases. El docente también conoce de casos en los que se ha negociado con los profesores para acudir solo cuando hay evaluación, o con las materias que consideran son las más importantes. 


El profesor comenta que aunque es sumamente difícil esta situación han aceptado esas “negociaciones” con los alumnos pues para ellos como educadores es fundamental que los adolescentes tengan una educación. 


“La única responsabilidad de un adolescente es estudiar. No me parece justo que tan jóvenes tengan que vivir la responsabilidad, los problemas, el estrés y el compromiso de un adulto. El Estado debe ser garante de la educación y calidad de vida de estos muchachos y no lo hacen. Sin embargo, no deja de parecerme admirable que aún tengan deseos de estudiar y más admirable es que todavía tengan deseos de continuar, aun cuando estamos en una Venezuela en la que los profesionales son mal pagados”, manifiesta el directivo. 


Vendedores en tiendas y mensajeros son algunos de los oficios a los que se han dedicado los alumnos de esta escuela de Barquisimeto. De acuerdo con la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (Lopnna) el trabajo adolescente es permitido siempre y cuando no prive al menor de edad de otros derechos, como lo son educación, salud, recreación, familia (Artículo 94 y 95). 


Otros requisitos legales deben ser cumplidos por el empleador: 

  • La edad mínima para emplear a un adolescente es de 14 años

  • El Consejo de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes podrá autorizar, en determinadas circunstancias debidamente justificadas, el trabajo de adolescentes por debajo de la edad mínima, siempre que la actividad a realizar no menoscabe su derecho a la educación, sea peligrosa o nociva para su salud o desarrollo integral o se encuentre expresamente prohibida por ley.

  • El adolescente debe realizarse un examen médico integral, que acredite su salud y su capacidad física y mental para el desempeño de las labores que deberá realizar. 

  • El empleador debe oír la opinión del o de la adolescente y, cuando sea posible, la de su padre, madre, representantes o responsables.

  • Para trabajar, todos los y las adolescentes deben inscribirse en el Registro de Adolescentes Trabajadores y Trabajadoras, que llevará, a tal efecto, el Consejo de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes.

Regreso sin arreglos

En el regreso a clases los niños, niñas y adolescentes se encontraron con instituciones en total abandono, en las que la delincuencia hizo de las suyas. Esto trajo como consecuencia la inhabilitación de espacios como oficinas, bibliotecas, laboratorios y hasta salones de clases. En los casos de las materias científicas, los alumnos ven la teoría, pero el aprendizaje del contenido práctico quedó suspendido.


Según cifras de la Zona Educativa en Lara existen 2.056 planteles educativos en los que conviven 365.000, y durante la cuarentena decretada por el Gobierno Nacional por la pandemia, el tiempo dejó sus huellas en estos planteles, pues la falta de mantenimiento causó estragos en la infraestructura de estos planteles. Según los sindicatos de maestros que hacen vida en la región las escuelas y liceos no se encuentran en óptimas condiciones. 


“El 90% de las instituciones en Lara no están aptas. Las instituciones simplemente no reúnen las condiciones para que los alumnos estén en ella”, recalca Hilda Peña, Secretaria General del Sindicato Venezolano de Maestros del estado Lara (Sinvemal). 


Peña explicó que de los 2.056 planteles, aproximadamente 950 son escuelas que dependen de la Gobernación de Lara y éstas arrancaron en las mismas o peores condiciones que los planteles educativos nacionales. 


Educadores y representantes de varias escuelas del estado indicaron a la Agencia PANA que al llegar a la escuela no recibieron implementos de bioseguridad y mucho menos de limpieza para recibir a los alumnos para el nuevo año escolar, por lo que fueron ellos mismos los que se encargaron de limpiar las áreas comunes de las escuelas. 


“Los artículos de limpieza terminan saliendo de nuestro bolsillo. No podemos exigir mucho a los representantes porque muchos carecen de las condiciones económicas y a pesar de que nosotros no ganamos muy bien ponemos nuestro dinero para comprar algunos implementos de limpieza. A veces encontramos donaciones”, expresó una profesora de una escuela ubicada en el centro de Barquisimeto.


En cuanto a infraestructura son muchos los salones que tienen grietas en sus paredes. En los municipios foráneos ni siquiera cuentan con aulas y han unido secciones para dar clases. En otras escuelas las clases se ven incluso a la intemperie.


La directora de un colegio privado ubicado al este de Barquisimeto indicó que durante la pandemia el personal de limpieza continuó con sus labores al igual que todo el personal de la institución y fue primordial el mantenimiento de la institución, de igual forma lo hicieron en otras instituciones privadas.

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Tanques secos

Aunque el Ministerio para la Educación dio la orden de clases presenciales de forma progresiva para el 2021 y para marzo del 2022 ya las actividades debían normalizarse; sin embargo en Lara no es posible la normalización de las actividades. Los problemas de distribución de agua en la región larense han crecido con el tiempo y la falta de atención por parte del Estado. Esta situación no excluye a los planteles educativos.


Se amerita más uso del agua para la batería de baños, para limpiar los espacios, para el uso del comedor y para consumo y uso del personal de la institución y alumnos; pero el suministro del agua no es continuo. 
Solo tres días o dos días a la semana llega el agua en algunas instituciones y aquellas que no cuentan con un tanque deben usar tobos para recogerla. Otras se mantienen a través de cisterna, pero esto sobre todo para las escuelas en municipios foráneos. 


Según explicaron los profesores de varias escuelas han tenido que reducir las jornadas de clases de tres a cuatro horas diarias, o día intermedio, incluso a tres días por semana. 


La secretaria general de Sinvemal explica que la norma establecida es que en una institución debe existir una poceta por cada 50 alumnos. Sin embargo, han tenido el caso donde las escuelas tienen matrículas de hasta 300 alumnos y solo utilizan una poceta, para ahorrar el consumo de agua. 


Por el mismo problema con la hidrológica de Lara, han presentado colapsos en cloacas y esto actualmente mantiene fuera de las aulas de clases a más de 150 niños y niñas de educación inicial de una institución ubicada al oeste de Barquisimeto. En ella los representantes han realizado las diferentes denuncias ante HidroLara y a pesar que ha pasado más de una semana la situación no ha sido atendida. 


En cuanto a los problemas de los servicios básicos también se une los cortes de luz, que no son programados tal como se anuncia desde el discurso oficial. Más bien están presentes en cualquier horario y ningún plantel educativo público cuenta con plantas eléctricas. 


Para el 2018 se introdujo un amparo ante los tribunales larenses por la situación de las escuelas, a través de mediaciones quedaron en dar respuesta, e ir solventando problemas de infraestructura y servicios básicos, pero quedaron en nada pues no han dado respuesta, según reveló personal directivo de varias instituciones. 


“No veo disposición del gobierno nacional o regional de subsanar esta situación”, recalcó la vocera principal de Sinvemal.

Alumnos y profesores han migrado

Aunque las autoridades de educación del estado Lara no hablan de la deserción escolar, desde Sinvemal aseguran que las matrículas han disminuido, que no se observa en la inscripción porque aun los estudiantes son inscritos aunque estén fuera del país, pero sí se observa en el salón porque no acude el 100 % de los alumnos. 


Entre las instituciones consultadas se pudo conocer que acuden entre el 50% al 70% de la matrícula. Además de la doble labor de estudiar y trabajar, otras razones de esta ausencia son el temor a contraer la COVID-19, migración del estudiante o que no existe una supervisión del padre que los guíe para continuar con sus estudios.

 
La representante principal de Sinvemal, la profesora Hilda Peña, reveló que no solo los alumnos han dejado las aulas, manifiesta que el 30% de los docentes larenses han dejado su trabajo. 


“Bajos salarios, migración y cambio a oficios que son mejor remunerados son las causas de que los profesores ya no estén en sus aulas. Quien trabaja en educación ya lo hace por vocación, porque los sueldos no nos alcanzan para vivir”, manifestó la sindicalista. 


A la misma vez Peña explicó que por parte del Gobierno Nacional no se está haciendo nada para incentivar a los educadores y prácticamente no existe una formación de nuevos profesionales de esta rama, por lo que cree que en un futuro la educación pueda verse comprometida. 


Relató que en Lara existen 4.900 docentes estadales, de los cuales 3.500 se encuentran esperando jubilación y solo 1.400 serían los regulares. De ese total, al menos la mitad está solicitando desincorporación y algunos reposos, por lo que legalmente 700 son los docentes del estado titulares que actualmente están laborando en Lara. El resto son  suplantados con profesores contratados, situación que se viene registrando desde hace cuatro años: los contratos son renovados y no hay opción para obtener la titularidad.