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ADOLESCENTES TOMAN LA PALABRA 

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Amanda Isturriaga

13 años, 8vo grado

"Abracé a mi mejor amiga como nunca"

El regreso a clases presenciales no solo fue sorprendente para mí, también guardé momentos felices con mis compañeros de clases que nunca olvidaré, a pesar de las múltiples entregas pendientes y las exigencias en el aula. 


El día que anunciaron el retorno a las clases presenciales, me sorprendió. Nunca me imaginé que sucediera tan pronto. En mi familia había un mix de emociones: nos preocupamos, aunque había un halo de emoción. Era impactante creer que llegó el momento. 


Ese fin de semana, previo al inicio de clases, apenas podía dormir de la emoción. No podía creer que iba a volver a transitar esos pasillos de nuevo. Hablar hasta más no poder con mis compañeros en el recreo y echar broma en clases. Simplemente estaba muy emocionada. Y es que no dejé de escribirle a mis compañeros de clases, solo para comentarnos sobre lo emocionante que sería verlos en persona, en el aula.  


Pese a la alegría, el primer día de clases fue extraño para mí. Llegué temprano. Al instante hice un recorrido en la escuela para reencontrarme con ella. Noté muchos cambios. Lo primero que hacías al entrar era desinfectarse y medirte la temperatura. Había gel antibacterial en cada pasillo y el uso de mascarillas era obligatorio en todo momento. Unas normas radicales.


Tras pasar el protocolo, comencé a caminar por la escuela. Revisé cada salón que me encontraba en los pasillos, las oficinas, la cantina, el patio, la biblioteca e incluso me atreví a llegar hasta la dirección. Fue mágico. Mientras exploraba cada rincón, me llegaban recuerdos de momentos inolvidables de mis anteriores años escolares.


Me detuve en mi salón de clases. Cuando llegaron mis compañeros de clases sentí nostálgica, pero estaba alegre. Esperaba que llegara mi mejor amiga, a quien no veía en persona desde 2020. La vi y la abracé como nunca lo había hecho. Definitivamente la extrañaba. 

 

El reencuentro con mis demás compañeros duró poco. Nos dividieron en grupos. Básicamente, nos separaron, como si dos años de pandemia no lo hubiera hecho ya. Casi no hablábamos unos con otros, pese a conocernos desde hace años. El recreo fue aburrido. Solo queríamos salir de clases ese día.


Así transcurrieron esas dos primeras semanas de clases presenciales. No era muy bonito que digamos. Pero, con los días, nos fuimos uniendo como compañeros de una forma única. Este 2022, conocí muchísimo mejor a mis compañeros, que en otros años. 


Ahora me encanta ir a clases, no solo a estudiar, sino que para ver a mis amigos. Lo pesado de las clases presenciales es el exceso de tareas y entregas. Es muy estresante. Tanto así, que muchos de mis compañeros se sienten afectada su salud mental, debido a ello. 
Y es que pareciera que a algunos de los profesores pareciera no importarle mandar una excesiva cantidad de tareas. Por ejemplo, muchos van y cumplen con dar clases, pero no tienen un mínimo interés en ver si el alumno entendió el tema.


Hice mi 7mo grado lo hice virtual. Todo era más fácil. Las entregas eran online y la información estaba a la distancia de un click en Google. Pero, cuando me enfrenté a el 8vo grado, de forma presencial, descubrí que no eran como lo imaginaba. 


Durante el primer lapso, los profesores eran muy exigentes con el cumplimiento de normas de bioseguridad por la pandemia. Y los estudiantes, por cuidarse, no se atrevían a incumplirlas.
Para el segundo y tercer lapso, esas normas empezaron a flexibilizarse, también por los eventos estudiantiles que se realizaban. A pesar de que mi colegio es pequeño, y sus aulas son pequeñas, existe un buen control de estas normas. Nunca ha faltado desinfectante, gel, jabón, agua. Eso es bueno.


Era una de las partidarias en mantener las clases virtuales todo este 2022, por los riesgos a los que nos exponemos en la pandemia. Pero, con el buen control en las normas de bioseguridad en mi instituto, sumado a que logró entender mejor las materias en las clases presenciales, no me equivoco en decir que prefiero estar en las aulas. 
 

A pesar del enorme cansancio que hay con las tareas presenciales, amo ir a ver a mis compañeros. Recuperé mi rutina diaria, algo que necesitaba. Siento y sé que aprendí más en este año escolar. Nunca lo olvidaré. Tengo bellos recuerdos que serían imposibles de olvidar. Definitivamente, amé mi segundo año. 

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Camila Urbina

16 años, 5to año

"Me decepcioné de cómo daban las materias" 

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En 2022 me cambiaron de colegio. Creo que es algo que debo destacar. Así que, inicié mi presencialidad en un entorno completamente desconocido.  Mi nuevo colegio es totalmente diferente al anterior, es amplio y espaciosos, tienen diferente canchas y es una escuela técnica. 


Antes de iniciar clases en la escuela realizaron un curso de nivelación de las materias las que se pudieron ver afectadas por la virtualidad. Me inscribí por educación física. Tenía miedo de conocer a mis compañeros de clases, puesto que me cuesta desenvolverme en grupos relativamente grandes. Aunque en el curso conocí a 14 de mis compañeros de clases actuales, quienes me cayeron de maravilla y nos dimos cuenta que la mayoría somos bastante afines. De hecho, hasta la fecha varios se convirtieron en mis amigos. Pero, al comenzar las clases nos separaron debido a las normas de bioseguridad, quedamos repartidos entre el primer y el segundo grupo, y tuvimos que empezar a convivir con el resto de nuestros compañeros de clases. 


Al principio estaba reacia a conocer a nuevos compañeros, por alguna razón sentía que no me caerían bien y yo no a ellos. Desde ese momento soy más abierta con los demás, aunque aún guardo distancia con muchos. Pese a todo, hice bonitas amistades. 


En cuanto a profesores, mis expectativas cambiaron radicalmente para peor. En el curso de nivelación conocimos a cinco profesores, de los cuales solo dos nos dieron clases durante el año escolar. Durante las clases de nivelación, me generaron muchas expectativas sobre mis nuevos maestros; el problema llegó cuando no se cumplieron. 


La mitad de los profesores, que me dieron clases a lo largo del año, no cumplieron sus metas. Me decepcionaron principalmente por su forma de dar clases, sin estructura ni con la conciencia de explicar como lograr los objetivos en su materia. Simplemente, no querían explicar las clases. Por ejemplo, para entender las matemáticas considero hay que responder tres preguntas fundamentales ¿cómo?, ¿por qué? y ¿para qué? El profesor, únicamente, responde una sola.  Si bien nos muestra el ejercicio, no nos explica, con un mínimo de detalle, la forma de resolverlo. 


Tengo profesores que nos manda a hacer el formato de presupuesto, sin detallar los diferente datos en las fórmulas. Y así, como otros que solo dicen que hacer, más no cómo ejecutarlo.  Esto nos lleva a situaciones en las que entregamos una asignación, siguiendo los pasos mencionados por los maestros, pero terminan con correcciones a errores que, justamente, aún no nos enseñan. 


En una visión general, considero que este año escolar fue bueno, en especial si comparo con mi anterior colegio cuando todavía no existía la cuarentena. Aún así, hay muchos aspectos por mejorar, hago énfasis en la organización, puesto que no me parece correcto mandarnos a ir al colegio en días que no corresponden a nuestro horario por actividades que nada tienen que ver con nuestra educación académica.

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Antonella Pinzón

15 años, 5to año 

"Los nuevos inicios pueden ser buenos"

Comencé este años escolar 2021-2022 en una nueva escuela. Mi cambio se debió a que me mudé con mi mama a Caracas, aunque desde hace un tiempo quería cambiarme de colegio. Iniciar clases presenciales en un entorno completamente desconocido fue una aventura. Pero, no voy a negar que si estaba aterrada de iniciar de cero muchos aspecto de mi vida, como es conocer a nuevas amistades y nuevos profesores. 


Aun así, desde el inicio me sentí cómoda con la idea de iniciar en un nuevo lugar. Un mes antes de comenzar clases, la escuela decidió hacer un curso de nivelación, lo que me permitió ver por primera vez a mis compañeros de clases. Ahí conocí personas realmente increíbles con gustos parecidos a los míos así que no fue muy difícil encontrar un tema de conversación. 


Pero, cuando empezamos las clases presenciales, volvió parte del estrés. Sentía mucha ansiedad estar toda la mañana  en un salón escuchando a un profesor hablar después de más de un año. Aunque, me sentía feliz de volver y de conocer a personas nuevas. Me costó al menos tres semanas adaptarme de nuevo a todo, tanto a ver clases toda la mañana como estar en la nueva escuela. 


Con mis antiguos compañeros de clases compartimos una historia de más de 10 años. El no volver a verlos me afectó un poco. En ocasiones me gustaría estar con mis antiguos compañeros; aunque los dos últimos años que estuve con ellos, me aleje mucho. Siempre les tendré cariño. Y es que, conocer a personas durante más de una década no es un logro que cualquiera tiene. 


Puede que se pregunten por qué me alejé. La respuesta es fácil, me di cuenta de que me perdí a mi misma. El simple hecho de cambiar mis gustos musicales solo para encajar en un grupo esta mal, y no los culpo a ellos, fue una decisión mía cambiar para pertenecer. Puede sonar tonto que una adolescente de 15 años diga que se perdió a sí misma, pero no. No es tonto. Todos nos podemos perder en cualquier momento de nuestras vidas, lo importante es darnos cuenta y trabajar en reencontrarnos.

También me afectó dejar atrás a cada uno de los profesores que me había acostumbrado o, para decirlo de otra forma, los maestros a quienes les conocía sus manías y formas de enseñar. 


El comenzar en un lugar nuevo, donde había adultos nuevos a la cual me tenía que adaptar, era un poco fastidioso de pensar. Con el pasar los días entendí que no era tan malo. Cada maestro tenía algo que hacía conectar conmigo. 


Mis clases favoritas son las de historia, mi profesor siempre trata de conectar con nosotros de cualquier forma. Puede que la historia suene aburrida, pero escuchar una clase de mi profesor es lo más entretenido que existe.


Estoy completamente agradecida con cada una de las persona que me he encontrado durante estos últimos 10 meses. De todo lo malo siempre podemos encontrar situaciones positivas, buenas incluso. Los inicios a veces son buenos y más si encuentras personas increíbles como lo hice.
 

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Mariangel Torres

16 años, 5to año

"Se deben hacer mejoras en el aula"

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Empezar clases presenciales fue muy difícil para mí. Iba a comenzar 9° grado de bachillerato cuando me cambiaron de liceo, puesto que mis padres son directores de instituciones educativas más cercanas a mi hogar y, bueno, mi colegio nos quedaba muy lejos. 


El primer día de clases me nacieron pensamientos de preocupación sobre el nuevo lugar, mis compañeros y profesores. Me cuestioné mucho sobre la manera de trabajar de mis maestros, el horario y, por supuesto, mi grupo en el salón de clases. Aún extrañaba mi escuela anterior. Me sentía incómoda, triste, con muchas expectativas y ansiosa. Incluso me pregunté si sería incompatible con esta nueva dinámica. 


Al cabo de unos días entendí que parte de las consecuencias del encierro y la falta de contacto personal con los profesores iniciaban con el estrés. Me acostumbre a la dinámica de ver clases en modalidad online. Cuando volví a las aulas, sentía un torbellino de emociones encontradas, sobre todo, relacionada los problemas de comunicación. 
La primera semana de clases tuve problemas con los docentes, estaba nerviosa por las nuevas materias (biología, química y física). Al entablar conversación con los diferentes docentes y explicarle mi situación, estos me recibieron  y trataron de ponerme al corriente con su materia.


Pero, muchos de los profesores no respondían mis correos, otros no poseían las herramientas tecnológicas para recibir las actividades. Eso complicaba la situación. Otros docentes, al no tener ni computadoras o teléfonos inteligentes optaron porque entreguemos las asignaciones de forma física. Además, teníamos que elaborar un portafolio para llevar al día las actividades correspondientes a cada materia. 


Más de una vez me preocupe por mis asignaciones. Ninguno de los profesores daba acuse de recibido. Realmente, no sabía qué pasaba con mis trabajos, una vez que los entregaba a la coordinadora pedagógica. Sin embargo, hablé con mis padres sobre la situación, me orientaron y ayudaron.


Pese a los traspiés, me alegraba el saber que estoy más cerca de terminar mi etapa de bachiller y graduarme, sobre todo, gracias al apoyo de mis padres, quienes me ayudan a superar los obstáculos. 
La relación con mis compañeros de clases fue complicada al principio. No conocía a  nadie. Me sentía muy inquieta, con cierta molestia, desorientada. Luego, al cabo de unos días, comencé a dialogar con algunos estudiantes de mi sección. Más adelante hice compañeros en el salón. Me llevo muy bien con el personal y los docentes. Me gusta mi liceo. 


En una escala del 1 al 10, evalúo este año con un 5, pues considero que este año escolar ha sido un poco difícil, tanto para algunos estudiantes nuevos ingreso como los regulare.  Las condiciones en las que se encuentra el instituto pueden mejorar. Y claro, como olvidar que aún existe carencias muy necesarias de solventar como son: la falta de Docentes y personal, Falta de pupitres y pizarrones, fallas en la infraestructura, falta de iluminación y agua.

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Anna Figueroa. 

16 años, 5to año

"Quería regresar al colegio y recuperar mi rutina"

Antes de empezar las clases presenciales (y semipresenciales) sentía una gran ansiedad, casi desesperación, por volver a ir al colegio. El tiempo que pasé en cuarentena me hizo reflexionar y aprender muchas cosas, pero sentía la profunda necesidad de regresar al colegio y recuperar mi rutina, todo aquello a lo que estaba acostumbrada.


Al ir de nuevo por primera vez me conseguí con un remolino de sentimientos en mi interior. Al principio me inundó la alegría de volver, luego de dos años. Sin embargo, me sentí angustiada de pensar que nunca íbamos a volver a la normalidad, que nos arrebataron en 2020. 
Recuerdo la felicidad que sentí al ver de nuevo los pupitres, las guacamayas, el viento frío de las mañanas en octubre y ver todas aquellas caras conocidas que, en algún momento, se habían vuelto prácticamente desconocidas. 


Pese a que estaba eufórica por ver de nuevo a mis compañeros de clase, me sentía sumamente frustrada por no poder abrazarlos o compartir con ellos en espacios que no fueran clases. Y es que estábamos separados a la distancia de un pupitre en todos los puntos cardinales. Aunque, a mi parecer, volví a conocerlos a todos de nuevo y ellos a mí. 


Tenía una idea (prejuiciosa y errónea) sobre cómo eran ellos dos años atrás pero, al estar en una etapa de cambios radicales y descubrimiento, naturalmente, durante ese tiempo sufrimos una especie de metamorfosis. La cuarentena, de alguna manera, nos forzó a aprender a convivir con nosotros mismos y a darnos cuenta de todo aquello que no habíamos tenido tiempo de observar en nuestra vida pre-pandemia. 


Asumo que esta metamorfosis ocurrió con los profesores también: todos estaban igual de emocionados, preocupados y nerviosos que nosotros. A los maestros que conocía, me conmovió verlos en persona, porque hacerlo a través de una pantalla durante tanto tiempo fue frustrante. A pesar de que todos hicieron su mejor esfuerzo para darnos las mejores clases virtuales posibles, nada se compara con la cercanía de una clase presencial. 


Por otro lado, a los profesores que no conocía, me generaba mucha curiosidad e inquietud conocerlos y ver clases con ellos en persona pero todo salió mucho mejor de lo que esperaba. 


A pesar de que aún no llevamos un año entero de clases presenciales, podría describir estos meses como liberadores porque, al fin y al cabo, el colegio es uno de mis lugares más felices. Al principio fue un poco frustrante adaptarme de nuevo a esta modalidad (especialmente los exámenes), siento que ha sido bastante exitoso. 


Tanto los profesores como el personal administrativo y obrero han hecho todo lo posible por ofrecernos una relativa normalidad y lo aprecio profundamente; han retomado gradualmente lo que se hacía pre-pandemia pero con las herramientas tecnológicas y estrategias que se usaban en la modalidad en línea. 


Me agrada que volvimos a la normalidad pero no somos los mismos de antes: esta vuelta a clases mejoró nuestra salud mental pero no se puede olvidar la huella (o cicatriz) que dejó en ella la cuarentena. Fueron tiempos difíciles en que todos nos vimos afectados por familiares y amigos que enfermaron gravemente o fallecieron. Por lo tanto, quisiera ver mayor conciencia respecto a los efectos que tuvo en nosotros. 


No se puede dejar a un lado tan rápidamente o, en el peor de los casos, fingir que no ocurrió un evento que tuvo y sigue teniendo grandes repercusiones.

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Bárbara Sánchez Pérez.

13 años, 7mo grado

"Fue complicado volver a la dinámica normal"

Bárbara tiene 13 años de edad, pasó a 1er año de bachillerato. No solo el cambio de primaria a bachillerato fue una experiencia novedosa para ella, también cambiar de escuela. Nuevos amigos, nuevos profesores y una institución por explorar en los próximos 5 años de estudio.  

Sin meditarlo, Bárbara decidió participar en el Adolescentes Toman la Palabra para relatar también cómo fue su año escolar presencial, tras dos años de confinamiento por la pandemia del COVID-19. En su entrevista, ella escribió su punto de vista ante las materias, los profesores y sus sentimientos de volver a una dinámica que, sin duda, cambio.

 

1- ¿Cómo te sentiste cuando viste tu colegio por primera vez?

 

Me sentía mucha curiosidad por conocer las instalaciones del colegio. Era la primera vez que entraba, porque a principio del año escolar, me cambiaron de escuela.

 

2- ¿ Cómo fue encontrarse con tus compañeros nuevamente?

 

La primera vez que nos encontramos fue el el acto de promoción de 6to grado. Ese día estaba muy feliz. Luego, pasado los meses, el primer día de clases presenciales, los volví a ver. Estoy contenta, a pesar de quedar en diferente secciones.

 

3- ¿Cómo fue encontrarse con los maestros después de dos años?

 

En el acto de promoción tuvimos la oportunidad de encontrarnos con todos los profesores que nos acompañaron en la primaria. Fue una experiencia muy bonita. Pero, en el nuevo colegio no conocía a ningún de los profesores, aún estoy procesando.

 

4- ¿Cómo evalúas este año de regreso a las aulas?

 

Fue muy complicado volver a la dinámica normal, sobre todo, luego de comenzar en un nuevo colegio. Todo es nuevo. Los profesores no son nada agradables y todo es muy diferente a lo que estaba acostumbrada. Extraño mucho mi colegio, en especial, al señor Argenis, el portero de mi antigua escuela.